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Cuento

Brilla, brilla, árbol de estrellas 1

2020.12182
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  • —¡Oh, mi espalda, hombros y rodillas! Temo que me volveré anciano mientras me preparo para el invierno —murmura Derry, con la boca llena de bellotas, luciendo cansado.

    —¡Oye, no tenemos espalda, hombros ni rodillas! Escucha. Deberías decir: “¡Oh, mi cabeza, cuerpo, patas y cola! ¡Temo que terminaré un día mientras me preparo para el invierno!”.

    Derry se ríe a carcajadas por la broma de Terry, que balancea su larga cola con una gran castaña en sus patas delanteras.

    —¡Ja, ja, ja!

    Entonces Derry deja caer las bellotas que tenía en la boca, y Terry se las mete rápidamente en la boca y se va corriendo.

    —¡Oye, detente! ¡Devuélveme mis bellotas!

    Después de que se van Terry y Derry, el dúo del bosque, se deja ver un gran roble con el claro cielo azul del otoño de fondo. Como del roble cuelgan lindas y regordetas bellotas, Derry, Terry y la divertida y extravertida pareja de jabalíes vienen a disfrutarlas.

    Yuyu, un pajarito, también se acerca al roble y se echa a dormir sobre una rama. Yuyu estira los brazos, frunciendo el ceño.

    —¡Son tan molestos! ¿Por qué esas ardillas son tan ruidosas? Ni siquiera puedo tomar una siesta —se queja Yuyu, haciendo pucheros con su puntiagudo pico.

    —Yuyu, estás despierto. Por favor entiéndelos. Hacen reír a los amigos del bosque —lo calma el Sr. Roble con voz suave.

    —A mí no me parecen divertidos. Si quieren serlo, tienen que ser al menos tan divertidos como yo. ¿Qué tal? El pájaro que vuela alto en el cielo se cansa. ¡El madrugador tiene sueño! ¡Je, je!

    Para el Sr. Roble, Yuyu es simplemente adorable; charla alegremente, batiendo sus pequeñas alas que aún no han crecido por completo.

    —Yuyu, estás cansado y con sueño porque te despiertas temprano y vuelas alto; ¿ya atrapaste suficientes gusanos hoy?

    —¡Por supuesto! Atrapé seis gusanos en el bosque del este, tres en el bosque del sur y tres lombrices de tierra en el estanque del norte. ¡Atrapé… trece en total!

    —¡Vaya, tu habilidad de caza es cada vez mejor!

    En realidad, son doce, no trece, pero el Sr. Roble no quiere corregirlo. Está feliz de ver a Yuyu encogerse de hombros, satisfecho con el resultado de su caza.


    —¡Oinc, oinc! Sr. Roble, buenos días. Es decir, buenas tardes. ¡Oinc, oinc!

    Es la familia de los jabalíes. La pareja de jabalíes ha venido con sus cinco bebés que caminan con pasos vacilantes. Todos los días, aparecen a esta hora del día, recogen todas las bellotas caídas y se las comen.

    —¡Bienvenidos! No hay muchas bellotas en el suelo porque Derry y Terry acaban de llegar. Me sacudiré un poco. Denme un segundo. Yuyu, ¿podrías ayudarme, por favor?

    El roble sacude sus ramas para dejar caer las bellotas. Si hay alguna bellota que todavía cuelga, Yuyu la patea.

    —¡Hurra! ¡Es una bellota del cielo! Oinc, oinc.

    Cada vez que Yuyu ve a la familia de los jabalíes, se pregunta cómo pueden engordar con solo comer bellotas. Sin importarle lo que Yuyu piense de ellos, los bebés jabalíes mueven el trasero, emocionados por las bellotas que les caen encima.

    Después del banquete de bellotas, la familia de los jabalíes regresa a casa. Yuyu, cansado de patear bellotas, se posa sobre una rama para recuperar el aliento, pero de repente siente curiosidad.

    —Sr. Roble, ¿no cree que es injusto? ¡Siempre les da bellotas, pero las ardillas y la familia de los jabalíes no le dan nada a cambio!

    El Sr. Roble sonríe gentilmente, sacudiendo sus hojas con el viento de fines de otoño.

    —Solo estoy agradecido de que mis amigos del bosque disfruten de mis bellotas. Cuando llegue el invierno, algunos de ellos entrarán en hibernación y otros emprenderán un largo viaje hacia el sur. Necesitan ingerir nutrientes ahora. Sin embargo, estoy preocupado orque nos estamos quedando sin comida en el bosque. Así que es una gran alegría poder compartir mis bellotas. Yuyu, no olvides que puedes conseguir más cosas si compartes las tuyas.

    Es difícil para Yuyu entender lo que quiere decir el Sr. Roble.

    —¡Si doy lo mío a los demás, ya no lo tengo! ¿Cómo puedo tener más?

    Yuyu cree que el Sr. Roble podría haber calculado mal.

    Despidiéndose del Sr. Roble que le habló con un tono de voz suave y agradable, Yuyu vuela a su casa donde su mamá lo está esperando, y el Sr. Roble se queda solo. El Sr. Roble observa la puesta de sol tiñéndose de rojo en el cielo, con la brisa fresca, y cuenta las bellotas y las hojas que todavía cuelgan de su cuerpo. A medida que su número disminuye cada noche, su corazón se llena de emoción; porque se acerca el día de dar nuevos frutos.

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