Antes de predicar el evangelio del reino de los cielos, Jesús ayunó durante cuarenta días en el desierto y fue tentado. Sin embargo, en Marcos se expresa así: “el Espíritu le impulsó al desierto”; y en Mateo 4 se dice: “Jesús fue llevado por el Espíritu”. Aunque debió de ser un tiempo sumamente doloroso, esto también fue la obra del Espíritu Santo para mostrarnos Él mismo el ejemplo de vencer la tentación.
Al dar gracias por el sacrificio del Padre por la salvación de sus hijos, reflexioné sobre mí misma. Me pregunté si no habría tratado de considerar y seguir como obra del Espíritu Santo solo aquello que me alegra, como llevar frutos.
En el proceso de ser transformados en personas celestiales, a veces nos encontramos en situaciones de prueba y refinamiento. De ahora en adelante, en lugar de considerar el refinamiento solo como algo difícil, quiero tomarlo como una oportunidad para poseer la fe que agrada a Dios y llegar a ser un hijo maduro que vence en el desierto de la fe.