El consuelo significa aliviar el sufrimiento o calmar la tristeza de alguien mediante palabras o acciones llenas de calidez.
Desde la posición de quien consuela, implica esforzarse y dedicarse por el bien de la otra persona.
Cada vez que nos enfrentamos a diversas dificultades en el camino por el desierto de la fe, podemos superarlas porque Dios obra por nosotros y nos concede consuelo en abundancia. El amor de Dios, quien se sacrificó incluso hasta la muerte por nuestra salvación, nunca cesa.
Doy sinceras gracias por el amor y la gracia de Dios, que cada día nos conceden abundante consuelo. Agradecida por ese amor, ahora deseo convertirme en una hija madura que pueda también ser un consuelo para Dios.