Isaías 53 contiene la profecía detallada de los sufrimientos que Dios padecería por nuestros pecados cuando viniera a esta tierra hecho hombre. Al leer que sería traspasado, azotado, afligido y que soportaría innumerables dolores, y aun así vería el fruto de la aflicción de su alma y quedaría satisfecho, mi corazón se llenó de profunda conmoción.
¿Quién en el mundo podría quedar satisfecho en medio del sufrimiento? Al pensar que incluso en el padecimiento por la salvación de sus hijos quedará satisfecho, sentí vergüenza y un profundo dolor en el corazón. Doy gracias al Padre celestial, quien llevó sobre sí nuestros pesados pecados y oró por nosotros, los pecadores del cielo. Le doy gracias por su amor y sacrificio, tan grandes que no pueden ser medidos.