En la mayoría de los eventos deportivos, es difícil predecir la victoria o la derrota hasta que suene el silbato final. Un equipo supera al otro al principio, pero puede ser derrotado por falta de persistencia, sin poder mantener el vigor inicial. Por el contrario, un equipo parece perder, pero finalmente gana con un espíritu de lucha tenaz y concentración. Las escenas conmovedoras recordadas por los aficionados al deporte se muestran normalmente en el último momento del partido.
No es diferente en el juego de la fe que se disputa antes de la finalización de las profecías de la Biblia. Aunque lo haya hecho bien hasta ahora, la victoria podría escapársele de las manos si se distrae. Por el contrario, puede obtener un resultado increíble hasta emocionar el cielo demostrando su perseverancia.
Lo haya estado haciendo bien o no, lo importante es a partir de ahora. Como un atleta que gana a largo plazo dejando un magnífico final, siguiendo la guía de su entrenador, esforcémonos al máximo hasta el fin, siguiendo las enseñanzas de Dios que es nuestro Entrenador espiritual. Entonces ciertamente obtendremos la corona de la vida preparada por Dios.
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.” (1 Co. 9:24)