“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt. 28:20)
Al escuchar este versículo, siempre lo consideraba como palabras solo del Padre celestial.
Pero mientras miraba las fotos de la Madre celestial de la edición del mes anterior de la revista Elohista, me dolía mucho el corazón. La Madre debe de estar ansiosa por regresar a nuestro hogar, el cielo, pero prometió estar con nosotros hasta el final. Mientras espera, soporta la fatiga del cuerpo en silencio y nos anima a cambiar un poco más, porque el reino de los cielos está cerca. El amor de la Madre celestial es realmente divino y sacrificado.
Esta comprensión me animó a hacer el trabajo del evangelio más diligentemente que ayer y mostrar el mismo amor a mis hermanos de Sion. Oro para que podamos cumplir la misión de predicar a siete mil millones de personas vistiéndonos del nuevo hombre, e ir al cielo pronto de la mano de nuestra Madre.