Todos deseamos presentarnos ante Dios como obreros que no tengan de qué avergonzarse. Yo también suelo preguntarme si estoy viviendo como una obrera a quien Dios considera digna.
A través de esta palabra comprendí que, para ser un instrumento usado para honra, lo que se necesita no son capacidades extraordinarias ni grandes resultados, sino la actitud de procurar entregarse por completo a Dios. De ahora en adelante, en lugar de desear únicamente ser usada según mi propia conveniencia y mis propios deseos, me esforzaré por ser una hija digna de ser usada por Dios en cualquier momento y en cualquier lugar. Aunque el camino adecuado y correcto a veces parezca lento o incluso invisible, quiero recorrer el camino del evangelio con paciencia, procurando comprender la voluntad de Dios que me está moldeando durante ese tiempo.
Hoy también reafirmo mi compromiso de vivir entregándome por completo a Dios, para presentarme ante Él como una obrera que no tenga de qué avergonzarse.