Así como las huellas grabadas en los dedos son únicas, también la manera de respirar posee rasgos propios en cada persona. La pausa justo antes de inhalar, la cantidad de aire que toma al respirar y la velocidad con que exhala difieren claramente de un individuo a otro. Un equipo de investigación del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, observó y analizó durante 24 horas la respiración de varios participantes, y comprobó que era posible identificar a cada persona por su patrón respiratorio con una precisión del 96.8 por ciento. Los investigadores señalaron, además, que en el futuro estos patrones podrían convertirse en un nuevo indicador para comprender el estado físico y mental de cada individuo.
La oración, que es el aliento del alma, también tiene su propia textura en cada persona. Hay quienes elevan oraciones en las que la gratitud da paso a más gratitud; hay quienes, sin olvidar sus faltas pasadas, se arrepienten continuamente; y hay también quienes presentan delante de Dios oraciones de amor por sus hermanos y hermanas antes que por sí mismos. ¿Qué forma tiene mi oración? Si, sin darme cuenta, he estado respirando apenas de manera superficial, o si he inhalado preocupación y duda para exhalar solo quejas, sería bueno mirar en silencio el estado de mi fe y ordenar nuevamente mi respiración. Que Dios recuerde mi oración como un hermoso aliento lleno de gratitud, amor, fervor, esperanza y gozo.