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Jardín de Gracia

El regalo que encontré en el trabajo

mar. 202645
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  • Con el sueño de participar en la misión en el extranjero, cuando busqué empleo informé de antemano al empleador que me sería difícil trabajar a largo plazo. Una directora, diciendo que le agradaba mi sinceridad, me propuso trabajar juntas. Así fue como comencé a desempeñarme como maestra titular en una guardería.

    Antes de empezar mi vida laboral, oré: “Si hay algo que debería comprender y en lo que debería renacer en este trabajo, permíteme renacer”. Sin embargo, una vez que comencé a trabajar, todo resultó mucho más difícil de lo que imaginaba. Hubo muchos días en que lloré sola y en varias ocasiones pensé en renunciar. Aun así, sentía que abandonar ese camino sería lo mismo que renunciar a mi sueño del evangelio en el extranjero, por lo que no podía rendirme fácilmente.

    Al mirar atrás, el año que pasé en la guardería fue un “tiempo como un regalo” que el Padre y la Madre celestiales me concedieron. En la clase que tengo a cargo surgen cada día conflictos grandes y pequeños. Como el corazón de cada niño es valioso, debo escuchar a todos con atención y cuidar que nadie salga herido. Y si en medio de algún conflicto queda una herida, es necesario examinarla y consolarla con delicadeza. A la hora del almuerzo, como junto con los niños, por lo que mi propia comida suele quedar en segundo plano; pero cada pequeña palabra que dicen me da fuerzas y cuando veo sus sonrisas, siento una gran alegría.

    Ahora entiendo claramente por qué hago este trabajo. El Padre y la Madre celestiales me han permitido aprender, a través de esta labor, cómo cuidar y amar a los pequeños miembros. También me han hecho comprender que la experiencia de responsabilizarme y dirigir yo sola un aula es un proceso indispensable para mi visión del evangelio: servir con dedicación a la iglesia en el extranjero y ayudar al crecimiento espiritual de los miembros.

    Agradezco sinceramente la comprensión que Dios me ha concedido. No olvidaré este entendimiento, que encontré como un regalo en mi vida laboral, sino que lo guardaré en mi corazón para convertirme en una obrera que cuide a los miembros con amor. Tanto en mi país como en el extranjero, seré una mensajera que transmita el amor de la Madre.
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