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Palabras de bendición, palabras de amor

El secreto de la felicidad

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  • Para mi esposo y para mí, una de las mayores alegrías es ver a nuestros nietos, que se parecen muchísimo a nosotros. Cuando termina el culto del día de reposo, nuestros nietos vienen a nuestra casa, pasan la noche y regresan al día siguiente. Comenzamos a hacerlo para ayudar a nuestra nuera, que se esfuerza mucho criando a dos niños de edades muy cercanas, pero con el tiempo se convirtió en una gran alegría para nosotros. Cada vez que vemos a nuestros nietos crecer con bondad y a nuestro hijo y su esposa vivir en armonía, pensábamos que eso debía de ser la verdadera felicidad. Y hace poco, finalmente, comprendí el secreto de la felicidad.

    Una noche, después del culto del día de reposo, como de costumbre regresé a casa con mis dos nietos. Ya era tarde y seguramente estaban cansados, pero me dijeron que necesitaban papel y lápiz para escribir una carta de reflexión, así que les pregunté qué había pasado. El nieto mayor me contó que unas horas antes, como su hermano menor no le obedecía, le había dado un golpecito en la cabeza, y que sus padres habían visto al pequeño llorar apenado. Con letras torcidas y desiguales, los niños escribieron sus reflexiones y me las entregaron para que las leyera primero. Verlos arrepentirse sinceramente y prometer que no volverían a pelear me pareció realmente adorable.

    Entonces, el nieto mayor volvió con el libro del Cántico Nuevo y me dijo:

    “Abuela, ayúdame a buscar un cántico nuevo. El que dice: ‘Perdóneme’.”

    Les busqué el cántico y hasta les encontré la pista musical en el teléfono. Luego, tomó a su hermano y entraron juntos a una habitación vacía. Me pregunté qué estarían haciendo y entreabrí la puerta. Los vi cantando el cántico nuevo siguiendo la música y grabándose.

    “Perdóneme. Lamento tanto que no consolé su corazón herido. Humillándome cuando sus manos tomé, fue cuando Dios abrió su corazón. Dios Padre Ahnsahnghong, Madre celestial, me cambiaron con un corazón de paz [...] Nuestra comprensión y consideración cumplen el gran amor del nuevo pacto [...] hágannos cumplir amor y unidad.” (Del Cántico Nuevo: “Perdóneme”)

    Cuando salieron de la habitación, les pregunté:

    “Abuela los vio cantar. ¿Por qué se grabaron?”

    “Queríamos mostrarle a papá y a mamá que ya nos reconciliamos.”

    Al escuchar la respuesta tan sincera de mi nieto, lo comprendí: el secreto de la felicidad de nuestra familia era el Padre y la Madre celestiales. Vivimos felices como familia gracias al corazón cálido que ellos nos han dado.

    Agradezco sinceramente al Padre y a la Madre celestiales, quienes nos permitieron practicar el lenguaje del amor de la Madre —decir “lo siento”— y recordar, a través de un cántico nuevo, el verdadero secreto de la felicidad.
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