“¿Qué le parecería si, después de la vida en esta tierra, pudiera continuar en un estado de alegría?”
Yo era alguien espiritualmente ciego; tenía ojos, pero no podía ver.
“¿Dónde debo buscar a Dios? ¿Y qué será de mí si Dios no existe?”
“A esta edad, ¿qué cosa no voy a poder hacer? Basta con depender de Dios”.
El cambio en mi hija trajo una cadena de acontecimientos bendecidos.
Como era la verdad que encontré en una tierra extranjera tan lejana, cada palabra era realmente preciosa para mí.
Al tratar con las leyes del mundo, a veces surge el escepticismo.
Más que sorprenderme que alguien de Corea predicara la palabra, me impactó descubrir que la existencia de Dios Madre estaba registrada en la Biblia.
No era momento de pensar en mi posición como pastor ni en mi orgullo.