Mientras trabajaba en una granja, me llamó la atención que los tallos del pepino, del pepinillo y del tomate tenían grosores claramente distintos. Como la forma de cultivo no era muy diferente, pensaba que eran cultivos parecidos. Sin embargo, el tallo del pepinillo era más delgado que el del pepino, mientras que el tallo del tomate era aproximadamente el doble de grueso que el del pepino. En el caso del pepino, en cada nudo crece un fruto de unos 250 gramos, mientras que en el del pepinillo crece un fruto de unos 100 gramos. En el tomate, de cada nudo brotan tres o cuatro frutos de unos 150 gramos cada uno, y en algunos casos hasta cinco. Si en un tallo de pepinillo crecieran muchos tomates, seguramente terminaría por quebrarse. Así como Dios creó cada cultivo con un grosor de tallo diferente para que pudiera sostener sus frutos, también nos dará a cada uno la fuerza necesaria para soportar las dificultades y dar fruto. A través de los principios de toda la creación, recuerdo al Padre y a la Madre celestiales, quienes siempre nos cuidan en cada detalle y nos ayudan.