Pensando en Dios que ni siquiera tiene dónde recostar su cabeza
2019.0828415
Tamaño de letra
Toma aproximadamente nueve horas desde Daca, la capital de Bangladés, hasta Barisal en la región sur. Hace unos días, cuando fui a la iglesia sucursal de Barisal en barco, contraje la fiebre del dengue, por lo que el itinerario era demasiado para mí. Me quedé sin energía e incluso era difícil moverme. Cada vez que había un espacio, quería acostarme para descansar.
Apenas terminé el trabajo de la iglesia sucursal, abordé un barco para volver. Fue durante un feriado nacional en Bangladés, y el barco estaba lleno de pasajeros que regresaban después de visitar sus lugares de origen. La gente extendía una tela y se sentaba en el suelo de acero, por lo que era difícil para mí y los miembros que abordamos tarde, incluso permanecer de pie. Mientras buscábamos un espacio para sentarnos, llegamos a la cima del techo. Nos sentimos aliviados de encontrar un lugar para descansar y estábamos a punto de dormir, pero el viento soplaba fuertemente contra nosotros. El solo pensar que tenía que soportar esta dura condición durante unas nueve horas me hizo suspirar.
Aún así insistí en continuar descansando. ¿Pero saben qué sucedió? Comenzó una llovizna que pronto cobró fuerza. No pude descansar más. Bajé del techo y busqué un lugar para descansar; me puse en cuclillas debajo de las escaleras en el frío viento.
Sin ninguna razón, me sentí miserable, pero al mismo tiempo recordé la palabra de Jesús.
"Jesús respondió: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza."(Mt. 8:20)
Jesús es Dios que debe estar sentado en lo alto del trono celestial, comandando a miles de miles de ángeles. El Creador, que es digno de recibir la gloria para siempre, vino a esta tierra, que es como una partícula de polvo en el universo, a la cual no había necesidad de venir ni mucho menos dirigir su mirada, y sufrió todo tipo de dificultades y persecución por una sola razón: salvarnos. Debió de estar en gran agonía al ponerse la ropa de espinas de la carne. Incluso dijo: “El Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”, ¡porque hasta las criaturas tienen nidos para descansar!
Sucedió lo mismo cuando vino en la carne por segunda vez. Buscando a sus hijos en este mundo donde no había nadie que le diera la bienvenida, se llenó de tristeza y dolor. La Madre todavía enfrenta el azote de las tormentas, buscando con ansiedad a sus hijos e hijas perdidos del cielo.
Me sentí apenado y avergonzado después de haber experimentado momentánea y personalmente dolores e incomodidades diez años después de leer el versículo al que no le di ningún significado en mi juventud. Hice una resolución, habiendo comprendido profundamente lo liviano que era mi yugo —el cual debía soportar para mi salvación— comparado con el de Dios que tuvo que ser sacrificado por mi pecado y mi salvación: me esforzaré al máximo para aliviar al menos un poco la carga que el Padre y la Madre llevan en vez de nosotros, hasta el día en que regresemos a nuestro hogar celestial.
Hoy también, cuando pienso en el camino de sacrificio que mis Padres celestiales están recorriendo por mí, el mío es como un camino de flores. Aunque soy débil e imperfecto en muchos aspectos, Dios me permitió entender esto y me dio la bendición de la misión en el extranjero que no merecía. Realmente doy gracias a Dios. Me convertiré en trompetista del evangelio que no descanse hasta que el Padre y la Madre celestiales sean alabados por todas las personas del mundo.