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Entendimiento

Preciosa vida, precioso evangelio

2019.10150
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  • Mientras predicaba en un centro comercial, conocí a un alma que apenas había empezado a creer en Dios. Cuando un miembro y yo le preguntamos si podíamos mostrarle sobre Dios Madre que está testificada en la Biblia, ella respondió: “¡Por supuesto! En realidad, acabó de comprar una biblia”. Ella sacó la biblia de hermosa tapa dura de su bolsa de compras y me la entregó. Le enseñamos sobre el Padre y la Madre celestiales, los Salvadores de esta época, y las ordenanzas de Dios, a través de la Biblia.

    Escuchó atentamente las palabras de Dios un buen rato. Se asombró por el serio mensaje de Dios que contiene la verdad y la vida eterna. Y se inclinó de cerca para prestar más atención.

    Cuando estábamos a punto de terminar la predicación, le preguntamos: “¿Desea recibir una nueva vida?”. Y contestó de inmediato que sí, y explicó lo grandioso que era habernos encontrado ese día. Nos miró con los ojos llenos de lágrimas y dijo: “Mañana empiezo la quimioterapia”. Tenía cáncer de páncreas. Prometió llamarnos al terminar su tratamiento. La abrazamos para consolarla y nos separamos. Me sentía deseosa de volver a verla con buena salud y deseé que recibiera la bendición de una nueva vida.

    Ese día, muchas cosas cruzaron por mi mente. Primero, pude entender por qué empezó a buscar a Dios, y por qué escuchó atentamente el mensaje de salvación. Fue porque mientras luchaba contra su enfermedad, comprendió el valor de la vida. Al mismo tiempo, entendí por qué el Padre y la Madre nos pidieron predicar el evangelio del nuevo pacto a muchas personas. El evangelio es la medicina que tiene la promesa de la vida eterna. Tenemos la misión de salvar muchas almas predicando el evangelio.

    Al ver el alma que conocí ese día, me sentí angustiada. ¡Qué desconsolado debe de haber estado Dios, quien aprecia un alma más que su propia vida! Comprendí una vez más que la Madre celestial vino a buscar a sus amados hijos y llevarlos de regreso al cielo donde no hay muerte ni dolor.

    De ahora en adelante, me dedicaré a la obra del evangelio con el corazón de la Madre. Quiero guiar muchas almas a los brazos de Dios y retribuir al Padre y a la Madre por darme la bendición de la vida eterna.
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