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Entendimiento

Carta de disculpa

oct. 20265
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  • Me gusta escribir cartas a mano y también me gusta leerlas. Las cartas manuscritas me parecen una de las mejores formas de transmitir sentimientos sinceros que no se pueden expresar del todo al hablar. Las letras escritas una por una con esmero son sencillas, pero transmiten suficientemente la sinceridad. En las cartas se guardan momentos preciosos e inolvidables; por eso, aun cuando ha pasado mucho tiempo, al leerlas línea por línea siento como si volviera a aquel momento. A veces, tan solo abrir la caja donde guardo las cartas revive recuerdos que había olvidado. Por eso, hasta ahora he conservado la mayoría de las cartas que he recibido de mi familia, mis amigos y conocidos. Suelo volver a abrir y leer las cartas que he guardado una o dos veces al año.

    Esta vez también, aprovechando las vacaciones de verano, fui a la casa de mis padres y busqué mi caja de cartas. Junto a la caja había otra más. En la parte inferior tenía pegada una etiqueta que decía “Colección de cartas familiares”. Dentro estaba llena de cartas que mi hermano menor y yo habíamos escrito a mamá y papá desde que éramos pequeños.

    Mis padres debieron de haberme pedido que escribiera esas cartas de reflexión para que yo misma pensara en mis acciones equivocadas y no repitiera los mismos errores. Cuánto debieron de entristecerse porque yo no cambiaba. Aun así, gracias a la paciencia y al amor de mis padres, que siguieron perdonándome y acariciándome la cabeza mientras me decían que no volviera a hacerlo, pienso que he podido crecer hasta hoy sin mayores problemas.

    ¿Y qué hay del Padre y la Madre celestiales? Cuánto dolor habrán sentido por mí, que pequé en el cielo y, aun después de venir a esta tierra, repito los mismos pecados. Aunque ofrecía cartas de arrepentimiento prometiendo no odiar a los hermanos y hermanas celestiales, amarlos como a mi propio cuerpo y obedecer bien las palabras de mis Padres, arrastrada por mis deseos egoístas, volvía a cometer pecados. Era como una niña inmadura que escribe una y otra vez cartas de disculpa mientras repite los mismos errores. Al pensar en el Padre y la Madre celestiales, que me han perdonado no solo cientos, sino miles de veces, mi corazón se quedó apesadumbrado.

    No quiero seguir repitiendo errores y faltas. Se dice que el verdadero arrepentimiento consiste en no repetir el pecado. Yo también quiero alcanzar un arrepentimiento verdadero y ofrecer una carta de agradecimiento, no una carta de disculpa. Recordando el amor del Padre y la Madre, que perdonaron mis pecados grandes como una montaña, llegaré a ser una hija madura que pueda cubrir también las faltas de los miembros de la familia de la fe.
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