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Tomando Impulso

Lo que necesita quien ha sido perdonado

oct. 20265
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  • Muchas personas miran con escepticismo las cartas de arrepentimiento que los acusados presentan ante un tribunal penal. Esto se debe a que las consideran una estrategia para obtener una reducción de la pena y no una verdadera muestra de arrepentimiento. De hecho, en un juicio penal hay algo que puede tener un mayor peso que la carta de arrepentimiento del acusado: el perdón de la víctima. Una sola declaración de la víctima en la que expresa que no desea que el responsable sea castigado puede tener más efecto que decenas de cartas de arrepentimiento escritas por el propio acusado.

    Es natural que quien ha cometido un delito pague por lo que ha hecho. Para una víctima que ya ha sufrido un dolor que nunca quiso experimentar, no es fácil decidir que no desea que el responsable sea castigado. Compadecerse de quien le causó una herida y un dolor imborrables, y desear que pueda comenzar una nueva vida, no es un sentimiento que cualquiera pueda albergar. Y perdonar sin ninguna condición es aún más difícil. Por eso, las historias de quienes perdonan y abrazan al responsable sin exigir nada a cambio suelen conmover a muchas personas. Esto también podría significar que quien ha recibido el perdón de sus pecados tiene una gran responsabilidad y debe esforzarse por vivir una nueva vida.

    Dios, lleno de misericordia, perdonó gratuitamente a los seres humanos que habían cometido pecados que los condenaban a morir en el cielo y a esperar un castigo eterno. Por mucho que nos esforzáramos y trabajáramos, si Dios no nos hubiera perdonado, la salvación habría estado muy lejos de nosotros.

    Lo único que Dios deseó al pagar en nuestro lugar el precio de nuestros pecados mediante el sufrimiento de la cruz fue un arrepentimiento sincero. Aunque derramemos abundantes lágrimas y nos arrepintamos de nuestros errores, si repetimos los mismos pecados y nuestra conducta no cambia, nuestro arrepentimiento no será más que una apariencia. Para no hacer vano el sacrificio de Dios, debemos tener la firme determinación de no volver a cometer el mismo pecado y de vivir una vida completamente nueva, junto con un cambio acorde con esa determinación. La misericordia de Dios no tiene fin para sus hijos que se arrepienten sinceramente y van transformándose en nuevas personas.
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