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Fragancias de Brotes Verdes

Conforme a la misión que lleva mi nombre

oct. 20267
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  • Doy gracias a Padre y Madre celestiales, quienes me eligieron a mí, que soy tan insuficiente, como protagonista de las profecías de la última época y me concedieron la misión de salvar almas.

    Desde hacía mucho tiempo buscaba la verdad. Por eso estudié hebreo y también fui a lugares que, como el judaísmo, se aferran a la ley del Antiguo Testamento. Incluso llegué a ser administrador de una pequeña iglesia. Además, aprendí y experimenté muchas doctrinas, pero en cada una había algún punto diferente de lo que yo veía en la Biblia, de modo que no podía saciar mi sed espiritual. Finalmente dejé todo aquello atrás y seguí llevando una vida de fe leyendo la Biblia con mi familia, sin pertenecer a ninguna iglesia.

    Entonces, un día, de camino al trabajo, me encontré con tres coreanos. Justo mi esposa había vivido unos años en Corea, así que les presenté a mi esposa y me despedí. Al regresar a casa después del trabajo, mi esposa me contó algo inesperado: había oído de ellos la verdad de la Biblia que tanto habíamos querido conocer hasta entonces. La siguiente vez que se reunieron, yo también estuve presente. Ellos nos dieron a conocer la existencia de Dios Madre, y nos confirmaron con la Biblia que las doctrinas que guardan la mayoría de las iglesias, como la navidad y el culto dominical, son diferentes de las enseñanzas de Dios. Además, nos enseñaron acerca de la Pascua y el Día de Reposo que se guardan conforme a los estatutos del Nuevo Pacto.

    Con la profunda conmoción de haber encontrado finalmente la iglesia de la verdad que tanto habíamos buscado, mi esposa, mi hijo y yo nacimos de nuevo de inmediato como hijos de Dios. Después de eso, íbamos a la iglesia cada semana y llegamos a conocer la verdad con más profundidad. Estudiamos acerca de Cristo Ahnsahnghong, el Cristo de la segunda venida, quien vino a esta tierra para salvarnos y restauró las fiestas del Nuevo Pacto conforme a las profecías de la Biblia, y acerca de la Madre celestial, la fuente de la vida eterna.

    Cuanto más se afirmaba mi convicción en la verdad, más imposible me resultaba guardarla solo para mí. Por eso fui a buscar a las personas a quienes había cuidado cuando era administrador de mi antigua iglesia y les prediqué la palabra. Lo único que recibí de vuelta fue el rechazo: "Quisiera que ya no vinieras más". Sin darme por vencido por eso, fui a visitar a mi familia en mi pueblo natal, que queda a tres horas en autobús desde donde vivo. Mis padres, mis hermanos menores y hasta la familia de mi hermana menor, que examinaron la palabra, recibieron la bendición de la salvación; en total, once personas. Mi hermana menor, al comprender profundamente el valor de la verdad, recorría un largo camino cada Día de Reposo para guardarlo, e incluso guio a una amiga del pueblo natal. Actualmente, por la gracia de Padre y Madre celestiales, la casa de mi hermana menor se utiliza como lugar de culto, y allí se celebra el culto con mucha gracia.

    Mi nombre es Lanka. Los habitantes de Sri Lanka llaman "Lanka" a su patria. Es parecido a llamar "Corea" a la República de Corea. Lo que quiero hacer es guiar a la verdad a todas las personas que vagan espiritualmente en Sri Lanka, que lleva el mismo nombre que yo. Antes de encontrar al verdadero Dios, mi familia atravesó muchos problemas; pero ahora vivimos con muchísima paz y felicidad. Mi esposa se esfuerza en predicar siempre que tiene tiempo, y mi hijo, que hasta el año pasado quería ser maquinista, ahora sueña con ser personal pastoral de la Iglesia de Dios. En verdad, es una bendición inmerecida. En Padre y Madre, hasta el día en que vayamos al cielo, todos los miembros de mi familia nos esforzaremos y nos empeñaremos en cumplir la misión del evangelio.
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