Durante mis viajes a Sri Lanka, la nación insular situada al sur de la India, veía con frecuencia a personas de todas las edades volando cometas. Mientras que en Corea esta actividad suele disfrutarse en ocasiones especiales, como festividades o festivales, allí forma parte de la vida cotidiana. Supongo que se debe a que cuentan con amplias llanuras y a que el viento sopla durante gran parte del año, creando un entorno ideal para volar cometas.
Al contemplar las cometas de todos los colores elevándose cada vez más alto, llevadas por el viento, también sentía que mis anhelos se elevaban hacia el cielo. Había un deseo que ocupaba especialmente mi corazón: que la buena noticia de la salvación llegara a toda Sri Lanka.
Ahora que he regresado a Corea, sigo orando con todo mi corazón para que el evangelio alcance pronto cada rincón de aquella lejana nación insular.