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Fragancia de Sion

Una pequeña dedicación diaria que trajo una bendición deslumbrante

sept. 202630
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  • El comienzo fue pequeño. Solo procuraba hacer lo mejor que podía en cada momento, pensando siempre en el evangelio dentro de las circunstancias que se me habían dado; pero, en algún momento, Dios me permitió encontrarme en medio de una obra sorprendente.

    Después de que, por la gracia de Dios, conseguí un trabajo que me permitía trabajar a distancia, empecé a disponer de algunos ratos libres. Así que, junto con hermanas que se encontraban en circunstancias similares, aprovechaba esos momentos para esforzarme en la predicación.

    Un día, después de terminar el trabajo de la mañana en una cafetería de Brooklyn, las hermanas y yo predicamos la palabra durante la hora del almuerzo. Allí conocimos a una persona que había venido de Francia. Nos dijo que era atea y que no creía en la Biblia, pero su actitud cambió cuando comprobó, por medio de la ciencia y la historia, que la Biblia es verdadera. Al disipar sus dudas y llegar a confiar en la Biblia, recibió con agrado las palabras del agua de la vida que siguieron. Al día siguiente, incluso visitó Sion y examinó seriamente la Biblia.

    Poco después, tuvo que regresar a Francia. Aunque la distancia física aumentó, las circunstancias externas no representaron ningún problema. Cuando el objetivo está claro, se puede encontrar una solución en cualquier situación. Seguimos comunicándonos constantemente por internet y estudiando la palabra. Después de estudiar la verdad durante dos meses, quedó profundamente conmovida por Cristo en su segunda venida y el Nuevo Pacto. Por iniciativa propia, fue a la Sion en París y recibió la bendición de una nueva vida. Aquella hermana asistió al culto del Día de Reposo esa misma semana y, según nos contó, compartió con gran emoción con los miembros de Sion todo el proceso, desde que escuchó por primera vez la verdad en Estados Unidos hasta que recibió el bautismo.

    Tiempo después, la hermana consiguió trabajo en Luxemburgo, un país vecino de Francia. En aquel entonces no había Sion en Luxemburgo, pero esa noticia tampoco me pareció en absoluto desesperanzadora. Al contrario, estaba convencida de que el camino que ella emprendía estaría lleno de las bendiciones de Dios. Y yo también quería acompañarla en ese camino de bendición.

    Junto con otra hermana, partí de inmediato a Luxemburgo para realizar la misión. Mi corazón rebosaba de entusiasmo con el propósito de cuidar a la nueva miembro que acababa de dar sus primeros pasos en la fe y de encontrar allí a nuestros hermanos y hermanas perdidos. En aquel lugar espiritualmente desolado, anunciamos con valentía las noticias de la salvación. Dios, que conocía nuestro ferviente anhelo, nos permitió encontrar a once preciosos miembros en tan solo tres meses. Finalmente, se estableció una hermosa iglesia sucursal en Luxemburgo. Doy sinceras gracias a Dios, quien hace brillar intensamente la luz de la verdad y reúne, uno por uno, a sus hijos que vagan en la oscuridad.

    No sabemos cuándo ni cómo comenzará la gran obra de Dios. Sin embargo, de algo estoy segura: si, desde el lugar donde estoy y dentro de las circunstancias que me han sido dadas, no olvido la misión del evangelio y hago todo lo que está a mi alcance, Dios me guiará por el camino de la bendición. Grabaré profundamente esta enseñanza en mi corazón y, desde el lugar que se me ha permitido ocupar, proclamaré siempre el evangelio del Nuevo Pacto con todo mi corazón y toda mi dedicación.
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