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El diario de gratitud de mi esposo

mar. 2026110
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  • Antes de casarnos, me gustaba mucho que mi esposo fuera reservado. Era una persona que me hacía sentir amada aun sin decir “te amo”.

    Mi esposo, que había sido estudiante de cursos superiores en la universidad, regresó después del servicio militar y terminó graduándose conmigo en el mismo curso. No recuerdo haberle escuchado un “te amo” en nuestra etapa de novios. Decía cosas como: “¿No hay algo que quieras comer?”, “¿No hay algo que quieras tener?”, “¿No hay algún lugar al que quieras ir?”. Esas eran sus máximas expresiones de afecto. En aquel entonces debí haber pedido muchas cosas, pero yo, que era ingenua, siempre respondía que no había nada.

    Nunca me había parecido un problema vivir sin escuchar de mi esposo que me amaba, pero después de que nació nuestra hija, de repente quise oír esas palabras. Resulta que él le decía con frecuencia a nuestra hija que la amaba. Incluso en plena noche salía a comprarle lo que ella decía que quería comer, y cuando los veía caminar tomados del brazo o de la mano con tanta ternura, me sentía complacida, pero al mismo tiempo me preguntaba por qué no mostraba esas expresiones conmigo. Si yo intentaba tomarlo del brazo, de repente hacía como si se acomodara el cabello para soltarse, o comenzaba a hacer estiramientos que nunca hacía, poniendo distancia entre nosotros, y eso me picaba un poco. En pocas palabras, mi esposo era una persona muy tímida.

    Tal vez se volvió costumbre, pero si yo lo tomaba del brazo en la calle, decía: “No se hace eso entre familia”, o incluso en pleno invierno decía: “Hace calor, mejor no nos peguemos”. Sin embargo, con nuestra hija caminaba cariñosamente del brazo. A nuestra hija le divertía esa escena y, para provocarme, se pegaba aún más a su papá.

    Hace unos días, nuestra hija trajo a casa a varios amigos y se puso a jugar con ellos. Para evitar el bullicio de las risas de los niños, me refugié en el estudio de mi esposo. Una libreta llamó mi atención. Era una que yo había recibido como regalo porque un escrito mío fue seleccionado en la revista mensual de la iglesia. Aunque mi esposo no es alguien codicioso, esa libreta se la había quedado él. Se veía bastante abultada, lo cual sucede cuando se escribe presionando fuerte sobre el papel. Pensaba que, siendo tan disciplinado consigo mismo, marcaba en su lista personal las tareas que debía hacer cada día.

    “¿Qué habrá escrito para que la libreta esté tan abultada?”

    Movida por la curiosidad, la abrí. Mi esposo la estaba usando como diario de gratitud. A fin de cuentas, un diario de gratitud no deja de ser un diario, así que estaba a punto de cerrarlo cuando me saltó a la vista el nombre de mi hija y el mío.

    Gracias porque Hyeon‑im y Ha‑gyeong se reconciliaron.

    Seguramente fue el día en que mi hija y yo discutimos.

    Mi esposo escribía cada día al menos cinco motivos de gratitud. Por lo general, había algo que escribía primero.

    Gracias porque tenemos un hogar donde podemos descansar.

    En los días en que había culto, estaba escrito así:

    Gracias porque puedo guardar el culto.

    También había muchos recuerdos con nuestra hija escritos en el diario de gratitud.

    Gracias porque pude comprarle un regalo a Ha‑gyeong.

    Gracias porque pude salir a comer con Ha‑gyeong.

    —Gracias porque pude darle dinero de bolsillo a Ha‑gyeong.

    Comencé a buscar mi nombre en el diario de gratitud de mi esposo.

    Gracias porque Hyeon‑im pudo recibir consuelo.

    No estaba escrito concretamente cuándo ni dónde ni qué consuelo había recibido, pero al parecer él estaba agradecido de que yo hubiera sido consolada. Cada vez que encontraba mi nombre en su diario de gratitud, sentía que mis ojos se enrojecían más y más, y finalmente las lágrimas empezaron a correr.

    Gracias porque, aunque está enferma, Hyeon-im se mantiene firme.

    Gracias porque Hyeon‑im pudo regresar a casa sana y salva.

    Probablemente era la gratitud del día en que salí del hospital.

    Gracias porque pude darle dinero a Hyeon-im.

    En el día de pago, mi esposo me enviaba el dinero que había ganado con su esfuerzo y daba gracias por ello. Cada día de pago.

    Cuando yo visitaba a mis padres o iba a otra ciudad para ver a mis amigas, escribía así:

    Gracias porque Hyeon‑im regresó a casa sana y salva.

    Mi esposo era tan reservado que, aunque yo fuera a algún lugar, no me llamaba por teléfono; pero parece que en su corazón deseaba que yo no fuera interrumpida. Su preocupación por mí quedó al descubierto a través del diario de gratitud. En ese diario se percibía claramente su sinceridad. Al leer la frase que aparecía casi todos los días, “Gracias porque tenemos un hogar donde podemos descansar”, sentía cuánto deseaba descansar después de sus arduas jornadas. No sé si serían días realmente difíciles, pero hubo días en que solo había escrito la primera sílaba. Por el patrón repetido, se podía deducir lo que intentaba escribir: “Des” era “descansar”, es decir, “Gracias porque tenemos un hogar donde podemos descansar”, y “Día” significaba “Día de Reposo”, es decir, “Gracias porque podemos guardar el Día de Reposo”. Aunque pasaba los días ocupado y agotado, la misma frase de gratitud que escribía casi cada día volvía a hacerme llorar.

    Gracias porque puedo trabajar.

    ¿Qué significa la familia? Si existe alguien por quien uno puede sacrificarse y aun así ser feliz, ese es la familia. Mientras observaba a escondidas el diario de gratitud de mi esposo, de mí también brotaba una gratitud incontenible. Cocinar frente a la estufa en pleno verano es agotador, pero me siento agradecida de poder preparar la comida para mi esposo, que regresa después de trabajar todo el día. Aunque prepare un sencillo guiso, nuestra hija dice: “Mamá, ¿no debería poner un restaurante?”, y come con gusto, y eso también me llena de gratitud.

    Estoy agradecida con Dios por haberme permitido formar una familia tan feliz. Estoy agradecida de poder recibir y dar gracias al Padre celestial, quien, para enseñarnos el camino al cielo, llevó a cabo tanto la predicación como la observancia de las fiestas solemnes, y dejó los Libros de la Verdad mientras trabajaba como cantero. Estoy agradecida de poder dar gracias al Padre Ahnsahnghong, quien, para cumplir las profecías, llevó una vida llena de sacrificio, soportando el calor y el frío sin dormir, pasando hambre con ayunos en oración y pensando siempre en la Madre celestial y en los hijos celestiales. Estoy agradecida de poder vivir con la esperanza del cielo dentro del amor de la Madre y en el seno de la familia celestial.

    En el diario de gratitud de mi esposo no había nada escrito para sí mismo. Tal vez que su familia sea feliz es lo que él considera para sí. Sentí que mi esposo, aunque es reservado, me ha amado siempre con la misma constancia, antes y ahora. Es una persona que me hace sentir amada aun sin decir “te amo”. Hoy también quiero hacer de nuestro hogar un lugar donde la familia pueda descansar tranquilamente y preparar una comida con la que puedan sentir felicidad.
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