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Jardín de Gracia

El elogio

2026.0238
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  • Cuando era estudiante, asistí a la clase de una maestra recién asignada. Un día, la maestra nos repartió una hoja de papel a cada uno y nos pidió que recorriéramos el aula y escribiéramos al menos una cualidad positiva de cada persona. Aunque no fuéramos cercanos, debíamos encontrar algo digno de elogio. Comenzamos a movernos pensando con esfuerzo en algo agradable que escribir para cada compañero. Al terminar la clase, revisé mi hoja y estaba llena de palabras como “amable”, “alegre” y “servicial”. Me sonrojé, pero me sentí realmente feliz. Aquella actividad tuvo un gran impacto en mí, pues desde entonces empecé a ver el lado positivo cada vez que conocía a alguien.

    Años después, tras haber recibido la verdad, expresé mi agradecimiento a la maestra que había iniciado aquel proyecto. Ella me contó que en ese momento no sabía bien qué actividad realizar en clase y que, con la intención de que nos conociéramos mejor, decidió llevarla a cabo.

    Con el paso del tiempo, el papel se ha vuelto amarillento y la tinta se ha desvanecido, pero cada vez que leo su contenido, no puedo evitar sonreír. Ahora me siento verdaderamente feliz y agradecido de poder poner en práctica de manera natural la octava lección de la Madre:

    “Si elogiamos a los hermanos, los elogios volverán a nosotros mismos.”
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