Temprano en la mañana, mientras conducía, una niebla baja cubría la carretera y bloqueaba la visibilidad. De pronto pensé que muchas de nuestras preocupaciones se parecen a la niebla. El temor, la duda y la ansiedad que albergamos en el corazón nublan la visión del futuro que Dios ha preparado delante de nosotros.
Nuestro destino es el cielo eterno. Aunque a veces el camino que tenemos por delante parezca poco claro, las promesas de Dios permanecen firmes. Si seguimos caminando por el camino de la fe, confiando en el Padre y la Madre celestiales, la niebla sin duda se despejará. Esperamos el hermoso mundo que se revelará con la gloria de Dios cuando la niebla desaparezca.